Fiesta de Cristo Rey: El buen ladrón, hizo su mejor robo

En este Domingo, con la Fiesta de Cristo Rey, termina el año litúrgico, y esta ocasión es una oportunidad para mirar la Cruz y en ella contemplar al Crucificado.

  Jesús, que nos amó hasta el extremo, que asumió nuestra condición de hombre, menos el pecado, nos invita a levantar la cabeza y a mirarlo a Él que pende de la Cruz. ¿Qué podemos aprender? Acerquémonos nosotros los redimidos con la preciosa sangre del Cordero; nosotros los desterrados hijos de Eva, a quiénes se les abrió las puertas del Cielo por la obediencia de Cristo; todos los que somos hijos en el Hijo e imitemos al Buen Ladrón que se “robó” el cielo por su humilde oración: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegue a tu Reino”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Entonces la primera enseñanza es la humildad en la oración.

Ante la Cruz el corazón del hombre encuentra descanso y consuelo, por eso lo segundo que podemos aprender es la confianza y el abandono. El Buen Ladrón supo reconocer que a su lado había alguien Grande oculto en ese rostro ultrajado, ensangrentado, doliente, se dejó mirar por Jesús en su verdad más honda de ser un pecador y recibió el cielo por esa suplica confiada.

El Reino de Jesús en la Cruz manifiesta que su Reino es de amor y servicio, no es el poder. Esto les enseñó a los discípulos cuando entre ellos discutían para ver quién era el más grande: “El que quiera ser el primero que se haga servidor de todos”. Reinar es Amar y Servir. Jesús conoció nuestra miseria humana experimentando la injusticia, la traición, el abandono, la tristeza, la muerte, el sepulcro. Un Rey que descendió hasta el infierno para rescatar a los que esperaban la Salvación.

El Ladrón desarrolla en el Evangelio las virtudes necesarias para acoger el Reino de Dios. Como explica San Gregorio Magno: “Tuvo fe, porque creyó que reinaría con Dios, a quien veía morir a su lado, tuvo esperanza, porque pidió entrar en su Reino, y tuvo caridad, porque reprendió con severidad a su compañero de latrocinios que moría al mismo tiempo que él, y por la misma culpa” (San Gregorio Mgno, Moralia 18,25)

    La actitud contrita del Buen Ladrón le mereció todo el amor de Dios y su Reino. Vayamos, pues, nosotros y depositemos a los pies de Nuestro Rey toda nuestra vida y dejémonos mirar por esos ojos llenos de ternura y misericordia y pidamos con confianza: ¡Jesús, acuérdate de mí, que pueda estar contigo en el Paraíso…! 

La Hna Graciela Correa Brito OP nació en San miguel de Tucumán, Argentina. Ingresó a la Congregación de Hnas Dominicas de San José. Estudió el Profesorado de Filosofía con los Padres Salesianos. Es Licenciada en Educación Religiosa por la Universidad de FASTA. Actualmente, vive en la Provincia de Córdoba.

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