La Hna. Maureen Geary reflexiona sobre sus tres años de liderazgo en la LCWR

Miembro de las Hermanas Dominicas de Grand Rapids, la Hermana Maureen Geary acaba de concluir su mandato en la presidencia de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR), una organización nacional que representa a la gran mayoría de las religiosas católicas en los Estados Unidos. Durante sus tres años en el liderazgo, ayudó a guiar a la LCWR en un tiempo de transformación — marcado por la reflexión sobre las realidades cambiantes de la vida religiosa, la participación en procesos sinodales globales y un renovado compromiso con el servicio arraigado en el Evangelio en un mundo complejo. En esta conversación, la Hna. Maureen reflexiona sobre las bendiciones y desafíos de su tiempo en el liderazgo, lo que ha aprendido sobre la vitalidad de la vida religiosa hoy y la esperanza que lleva para el futuro de la vida consagrada en la Iglesia y en la sociedad.

1. ¿Cuáles fueron los desafíos más significativos que enfrentó durante sus tres años en el liderazgo de la LCWR?

Durante mi servicio en la presidencia de la LCWR, continuamos profundos diálogos sobre la realidad actual de nuestros institutos religiosos, con sus bendiciones y desafíos. Completamos un informe sobre nuestra iniciativa nacional Discerning Our Emerging Future (Discerniendo Nuestro Futuro Emergente), basado en entrevistas con más del 90% de nuestros miembros (líderes congregacionales), y trabajamos para que los resultados de estas entrevistas orientaran nuestros programas y servicios. Iniciamos una conversación nacional llamada Living into Our Emerging Future (Viviendo Nuestro Futuro Emergente) para involucrar a las hermanas de las congregaciones de nuestras miembros. También comenzamos un proceso para comprender mejor lo que nuestras miembros necesitan de la LCWR, involucrando a la Junta Nacional y a las presidentas regionales en conversaciones estratégicas. Experimentamos la bendición de nuestro modelo de presidencia de tres personas, ya que durante mi mandato una de las presidentas enfrentó un problema grave de salud y otra tuvo que renunciar para atender asuntos importantes en su congregación. La LCWR cuenta con una Junta Nacional y unas presidentas regionales muy talentosas, además de una oficina nacional excepcional, lo que permitió que nuestro trabajo continuara sin interrupción.

2. ¿Cómo evolucionó su perspectiva sobre la vida religiosa en los Estados Unidos durante su servicio?

Mi servicio en la presidencia de la LCWR me ofreció una visión muy amplia de la vida religiosa en los Estados Unidos. Disfrutamos de buenas relaciones y conversaciones con muchos grupos, entre ellos la Religious Brothers Conference, el Council of Major Superiors of Women Religious y la Conference of Major Superiors of Men, así como con comités de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Más ampliamente, también nos conectamos con frecuencia con la Conferencia Religiosa Canadiense, la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR), la UISG y otras conferencias de religiosas en todo el mundo. Estas relaciones ampliaron mi aprecio por las muchas formas en que se predica el Evangelio a través de la vida consagrada, tanto a nivel nacional como internacional, a través de diversos carismas y en esfuerzos colaborativos. ¡La vida religiosa está viva y llena del Espíritu!

3. ¿Cuál considera que es el papel más importante de la LCWR en la Iglesia y en la sociedad de hoy?

La LCWR tiene la gracia de servir en la intersección de muchos diálogos y relaciones dentro de la Iglesia. Desde hace mucho tiempo hemos practicado procesos sinodales (con “s” minúscula) en nuestra vivencia de la vida religiosa, y en los últimos años hemos acogido plenamente el llamado del papa Francisco a ser una Iglesia sinodal, participando en el Sínodo como conferencia y dentro de nuestras congregaciones. También diría que la LCWR es una conferencia que escucha. Escuchamos profundamente a nuestras miembros, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo —tanto a la humanidad como a la creación— para comprender dónde la Buena Nueva de Jesucristo puede traer consuelo y esperanza. A través de una amplia colaboración, servimos a nuestras miembros y les ayudamos a acompañarse mutuamente.

4. ¿Cómo la sostuvieron su congregación y su propia espiritualidad durante su tiempo en el liderazgo?

Mi congregación ha estado profundamente involucrada con la LCWR durante muchas décadas. En mis tres períodos de servicio en el liderazgo congregacional, participamos en la LCWR a nivel regional, nacional y a través de muchos programas. Cuando fui elegida para la Junta Nacional de la LCWR y luego para la Presidencia, este nivel de apoyo a la misión de la LCWR me permitió invertirme plenamente en el liderazgo y dedicar el tiempo necesario a estas funciones. Mis años en la vida religiosa dominicana se han vivido en un tiempo de amplia colaboración dentro de la Familia Dominicana, y este enfoque de la misión y la vida dominicana me sostuvo durante mi servicio en la LCWR.

5. ¿Qué lecciones o aprendizajes personales se lleva de esta experiencia?

Mi vida fue profundamente enriquecida por mi servicio en la LCWR. Trabajé con muchas mujeres religiosas que viven su vocación con alegría y profundo propósito. Fui testigo de una gran generosidad de espíritu y de resiliencia frente a los desafíos y las pérdidas. Vi valentía para enfrentar lo desconocido y dedicación para abordar los asuntos internos sin permitir que la misión se comprometiera: la misión de predicar el Evangelio en un país y un mundo marcados por la injusticia, la violencia, el racismo, la crisis climática, el desprecio por la dignidad humana y una crisis de sentido. En mi congregación, respondemos a nuestra misión anual con las palabras: «Ve con confianza; Dios te dará el don de la predicación». En resumen, vive fielmente la vida religiosa, y Dios proveerá.

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