¡Feliz fiesta de Santo Domingo!

Siempre he pensado que Santo Domingo era un hombre tranquilo. Nunca buscó la notoriedad; más bien, se mantenía en íntima reflexión consigo mismo, consciente de que debía centrar toda su atención en el Dios interior. A menudo me ha sorprendido que, a pesar de que se conservan muy pocas de sus propias palabras, Santo Domingo siga siendo tan conocido. Y no solo es muy conocido, sino también muy querido por quienes formamos parte de su Familia Dominicana. Es evidente que no necesitaba llamar mucho la atención para transmitir lo que era bueno, verdadero y bello; en una palabra, lo que procedía de Dios. Esta imagen me transmite la imagen de un Domingo «tranquilo». La creó un joven artista de los Países Bajos llamado Egbert Modderman, y la obra se titula  Santo Domingo lavándose los pies.

Me encontré con una publicación de blog sobre esta imagen, que me pareció absolutamente preciosa. El autor del blog es un señor llamado Ruben De Preter, y me gustaría compartir un fragmento con ustedes.

La obra de Modderman es más que un retrato. Es una teología visual, una meditación sobre el trabajo y una liturgia de la ternura. Este cuadro no muestra la santidad como una conquista, sino como un cuidado: el cuidado del camino, del cuerpo y de las personas a las que se sirve. En este momento de quietud, con su pie desgastado, su mano apacible y su cabeza inclinada, santo Domingo nos invita a creer no solo en él, sino también en la santidad que aún es posible en nuestro interior.

Mientras nos preparamos para celebrar la fiesta de Santo Domingo, que cada una de nosotras renueve su compromiso con la búsqueda de la verdad; con ser personas profundamente arraigadas en la Palabra; y con ser luces para la Iglesia y el mundo en estos tiempos que vivimos.

¡Feliz fiesta!

Hna. Margaret Mayce, OP – Coordenadora Internacional de la DSIC

   Send article as PDF   

Publicaciones Similares