Reunión anual de la NADJPCC: Encarnamos la predicación con nuestras propias vidas

«Encarnamos la predicación con nuestras propias vidas. Esta es nuestra misión; este es nuestro ser». Este tema sirvió de marco a la Reunión Anual de los Promotores Dominicanos de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de Norteamérica, celebrada del 29 de junio al 2 de julio en Adrian, Míchigan. En un ambiente de oración profunda, canto, reflexión —y, por supuesto, momentos de convivencia—, se nos invitó a tomarnos nuestro tiempo, escuchar con atención y discernir qué nos corresponde hacer en este momento.

Comenzamos escuchando a nuestra Familia Dominicana Internacional, pasando de la perspectiva global a nuestro ecosistema local. Recibimos noticias de la DSIC, incluidos planes emocionantes para un nuevo boletín de JPIC y oportunidades de formación. Se nos recordó que, aunque los problemas de justicia varían en todo el mundo —desde la migración hasta el cambio climático, la guerra y la violencia de género—, somos una sola Familia Dominicana que responde de forma conjunta.

En consonancia con nuestro tema, reflexionamos sobre el recordatorio de Tony Harris, OP, de que «trabajar por la justicia no es opcional, ni es simplemente una dimensión de nuestras vidas. Más bien, es una perspectiva dinámica que inspira tanto nuestro ser como nuestro hacer». Aniedi Okure, OP, nos recordó nuestras raíces en materia de justicia en el Proceso de Salamanca, que sentó las bases de lo que hoy se conoce como derecho internacional y que, en última instancia, influyó en el desarrollo de las Naciones Unidas. Como dominicos, contamos con una larga historia de decir la verdad de formas que pueden transformar la sociedad. 

Nuestro ponente principal, fray Gerard Timoner III, OP, Maestro de la Orden, nos animó a recordar que cada miembro de la Familia Dominicana es un predicador. Siempre estamos predicando, no solo en la misa, sino a través del testimonio de nuestra vida cotidiana. Mientras le escuchaba, reflexioné sobre nuestro ministerio de justicia: vivir nuestra misión de justicia —en cada interacción— puede ser una de las contribuciones más importantes que podemos hacer en el mundo actual.

La reunión también puso de relieve uno de los temas de justicia más acuciantes de nuestro tiempo: la aplicación de la ley en materia de inmigración. Dylan Corbett, del Hope Border Institute, con sede en El Paso (Texas, EE. UU.), ofreció una perspectiva importante sobre la historia de la aplicación de la ley en la frontera entre Estados Unidos y México y su impacto en comunidades como la de El Paso, Texas. Describió las fronteras como lugares donde se pone en tela de juicio la dignidad humana y nos recordó que la presión pública sostenida —incluido el testimonio de los líderes religiosos— sigue marcando la diferencia… ¿Y quién no necesita un poco de buenas noticias en estos tiempos?

Durante nuestras sesiones de trabajo, reflexionamos sobre cómo los Promotores de la Justicia podemos fortalecer nuestro testimonio compartido. Un tema surgió repetidamente: la narración de historias. Las historias llegan al corazón de las personas y generan empatía de una forma que las estadísticas por sí solas no pueden. También exploramos cómo podríamos «hablar con una sola voz» sobre cuestiones de justicia, respetando al mismo tiempo los ministerios únicos de cada congregación.

Como siempre, también miramos hacia el futuro. Celebramos los proyectos colaborativos del último año y empezamos a planificar los que están por venir, entre ellos el X Mes Dominicano de la Paz, centrado en México; la continuación del trabajo en «Silent Voices, Big Truths»; reflexiones que vinculan el 250.º aniversario de los Estados Unidos con los valores dominicanos; la formación sobre el Proceso de Salamanca; y mucho más.  

Me fui de Adrian sintiéndome renovada y agradecida por la oportunidad de reunirme con amigos dominicos que, incansablemente, siempre están ahí, preguntándose qué más podemos hacer juntos. En un momento en el que las necesidades de nuestro mundo pueden parecer abrumadoras, nuestro encuentro fue un poderoso recordatorio de que no llevamos a cabo nuestra misión de justicia en solitario. Juntos, seguimos encarnando la predicación con nuestras propias vidas.

Por: Jessica Eimer Bowen, Promotora de Justicia de las Hermanas Dominicas de Grand Rapids, Míchigan

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