Las Hermanas Dominicas en apoyo a las familias desplazadas de Burkina Faso

Este testimonio, escrito por la Hermana Nicole Kabore, ofrece una mirada profunda a la crisis humanitaria que atraviesa Burkina Faso y a la firme resiliencia de las comunidades que responden a ella. En medio de las dificultades causadas por el terrorismo y el desplazamiento forzado, las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen se erigen como un faro de esperanza, dando continuidad a la misión de su fundadora, la Beata María Poussepin. Centrándose en la aldea de Linoguin y en comunidades vecinas como Boassa, la Hermana Nicole detalla cómo las hermanas han abierto sus puertas a las familias desplazadas: brindando educación a los niños desescolarizados, formación espiritual y habilidades prácticas para las mujeres, como la costura y el procesamiento de alimentos locales.

Nuestro país se enfrenta al terrorismo, una guerra impuesta que empuja a las poblaciones afectadas a emigrar hacia zonas más seguras. Este es el caso de Linoguin, un pueblo donde se encuentra una de nuestras comunidades. Las Hermanas de esta localidad, tal y como exige nuestro carisma —el de la beata Marie POUSSEPIN—, han sabido abrir no solo sus corazones, sino también sus puertas a quienes llaman. Los niños y niñas de las personas desplazadas fueron matriculados en las escuelas de sus respectivas localidades, pero no todos, ya que varios no tuvieron esa oportunidad, y los que sí lo estaban abandonaron los estudios. La situación obligó a suspender las clases, pero, una vez restablecidas, volverán y reanudarán tanto la escuela como otras actividades. Mientras esperamos este regreso con esperanza, se hizo imperativa la necesidad urgente de encontrar una solución que permitiera a estos niños y niñas continuar con sus estudios. Así pues, sin dudarlo, las Hermanas comenzaron inmediatamente a dar clase tanto a los que ya iban al colegio como a los que nunca habían asistido. Los reciben dos días a la semana, concretamente los lunes y los jueves, para impartirles clases. Muestran interés, se entregan de lleno y disfrutan aprendiendo y jugando juntos, adquiriendo nuevos conocimientos a través de la alfabetización, las canciones, los juegos y la oración. Están encantados, al igual que sus padres.

Las Hermanas también se encargan de la formación espiritual de los catequistas, así como de enseñar a las mujeres a coser. Estas mujeres aprenden oficios manuales que les serán útiles en su vida. Podrán obtener unos pequeños ingresos para su presupuesto de alimentación, vestirse cosiendo su propia ropa y la de sus hijos y maridos, por no hablar de convertirse en un referente en materia de costura en la localidad donde residen.

En cuanto a la transformación de productos locales, vemos que aplican sus conocimientos y se alegran de hacerlo. Condimentos como la «soumbala», elaborada a partir de las semillas del «néré» (un árbol cuyos frutos poseen numerosas propiedades), y la manteca de «karité» (del árbol del karité), transformada en ungüento y filtrada para su consumo… son productos que ya no necesitan comprar, lo que reduce los gastos y les permite consumir productos ecológicos.

También encontramos otros grupos de mujeres y niñas procedentes de familias desplazadas en otras localidades, como Boassa, donde las Hermanas se dedican a su formación, integración y desarrollo enseñándoles diversas manualidades. En el centro comunitario de Boassa, estas mujeres y niñas destacan hasta el punto de recibir bonificaciones de fin de año por su dedicación en el trabajo.

En resumen, los desplazados internos pueden encontrarse en cualquier lugar; solo necesitan encontrar un lugar donde sean bienvenidos y donde se tomen medidas a su favor.

Damos gracias a Dios por la mejora de la situación de seguridad y mantenemos la esperanza de ver a todos los afectados regresar a sus localidades de origen.

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